Es esta una columna de servicio público que pretende asesorar a los que practican el sincericidio y a sus víctimas, si bien y siendo sincera (que no sincericida ) pretende apoyar a estas últimas. Este deseo no bloquea la posible utilidad de estas 300 palabras para los que han cometido o estén prestos a cometer uno o varios sincericidios . Todo sincericidio se inicia con una frase como ésta o similar: “Te voy a decir una cosa, pero no quiero que te enfades”. Este es un hito importante. Podemos atajar la tentativa si miramos a los ojos a la Mari Juani o al José Luis de turno y le espetamos, con toda la parsimonia y serenidad que logremos reunir: “Mira, guapi. Lo que tú quieras o dejes de querer, la verdad, no me puede importar menos”. Es posible que esta frase, sin embargo, dé alas al sincericida . Tratará de cambiar de marcha, acelerar y soltar la frase fantástica, la que lo exime de toda sospecha de dolo (según su baremo de sincericidio ): “Lo cier...
Una mañana fría compartimos un café. Hacía años que no nos veíamos y el encuentro fue un poco incómodo, pero al toparnos en la cola de devoluciones de un centro comercial, nos sentimos los dos, hasta cierto punto, obligados. En otro tiempo, en otra vida, habíamos trabajado en la misma empresa, pero nunca habíamos sido amigos. Él era raro, indiferente, un hombre de pocas pasiones, racional y, sin duda, soso. Yo siempre he sido intempestiva, espontánea, curiosa. A él le gustaba pasear por su ciudad de siempre, quedarse en casa, ver películas, leer. Yo soy inquieta, me he mudado varias veces de casa, de ciudad y hasta de país. No teníamos nada en común. Sin embargo, aquella mañana, él me preguntó por mi vida sentimental. Nunca lo había hecho. Me sorprendió, y eso fue, hasta cierto punto, agradable e inquietante. Bueno, ya sabes , le respondí. Los primeros meses son fuegos de artificio, mucho ruido y mucho brillo, pero después... oscuridad y silencio. ¿Y la tuya? ¿Cómo es tu vi...