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Mostrando las entradas etiquetadas como piedras

La piedra en el zapato

Cuando todo va más o menos bien, cualquier rozadura se convierte en una molestia irritante. Todo tu día gira en torno a esa piedrecita que se te ha colado, sin permiso y con alevosía, entre tu pie y el zapato. Te pica, te araña,  sientes una punzada que se agudiza con el paso de las horas. Los bordes de la herida comienzan a escocer, y no puedes pensar más que en eso. En la puñetera piedra, y echas a perder horas y horas lamentando el picazón, el malestar. Si hubieras tenido la precaución de descalzarte y desechar la piedra, ponerte una tirita, calmar el dolor incipiente.  Enfocarte en otras cosas que suceden a tu alrededor: el sol que parece nacer del mar o del bloque de edificios frente a tu casa, el borboteo del café, la novela de amor que has empezado a leer, los buenos deseos del cartero, el surrealismo con el que vive la panadera los avatares de su oficio. Si fueses capaz de calmar ese minúsculo padecimiento, apaciguarlo, y centrarte en otras cosas más grandes, más importantes.

Petromaníaca, sin duda

María Belmonte, en algunas páginas de Los senderos del mar , escribe sobre qué significa ser petromaníaco . Nada más y nada menos que  la persona que siente atracción o pasión desmedida por las piedras.  Belmonte se confiesa petromaníaca y yo… quizás lo sea también. Paseo mi mirada por las superficies de mi casa (alféizares, mesas, estanterías) y descubro piedras, piedras y piedras. Algunas las he cogido en las orillas del mar, otras en las veredas de los  ríos de la sierra.  Tengo una botella transparente llena de piedras blancas, redondas, lisas. No se me olvida cómo resplandecían aquella tarde en una playa de Málaga. Las vi y…, de pronto era Diane Keaton paseando con Jack Nicholson en una ensenada americana.   De Lanzarote me traje lava bermellón y negra. También olivina. Fue en el Charco de los Clicos , un día feliz de esos que sabes que raramente se repetirán. La piedra de olivina espejea, verde y gris, humilde y tenue.  Tengo muchos corazones pétreos, la mayoría de ellos quebra