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Silencio


Si lo que vas a decir 

no es más bello que el silencio

no lo vayas a decir

El Último de la Fila

Con el prólogo de  la segunda temporada de De eso no se habla, aprendí que, en música, un calderón es una pausa o reposo que dura lo que quiere la persona intérprete. El silencio que genera se rompe con más música, o con aplausos. 

Me parece un concepto muy hermoso para quebrar mi propio silencio y volver a escribir y leer mis 300 palabras tras dos semanas de pausa. 

Mi silencio ha tenido que ver con esa vida que sucede mientras haces planes. Mi reposo no ha sido tal. Mi parón ha sido porque, entretenida y ocupada con las obligaciones, mis palabras (y, por tanto, yo) quedaron relegadas a un improbable momento en el que tuviese más tiempo, más ganas. En el que la inspiración, cual musa griega, tornase a mí, rodeada de fanfarria y chirimías. 

Ya. Ya sé lo que piensas. No, no funciona así. 


Hace unos días alguien me dijo que me notaba más alegre. Que mis columnas semanales, pese a ser geniales (ojo al premio de consolación) le provocaban tristeza, zozobra. Yo, entre risas, le recomendé no ser tan literal. A mis columnas les pongo mucha literatura. Tómatelas así. 

No sé si sabes que, cuando escribo, no pienso en cómo te sentirás. Eso queda fuera de la ecuación. Cuando termino de escribir (una columna, una carta mensual, un cuento, una novela...) deseo que te guste, que te conmueva, que te emocione. Pero, mientras escribo, no me preocupo por tu reacción. Qué sería de mí si lo hiciera. Probablemente, no escribiría. 

Ahora que he roto mi propio calderón, llega el momento de preocuparme por tu respuesta. Más que tu incomodidad, tu tristeza, tu enfado, me preocupa tu indiferencia. Porque la indiferencia es el frío y cruel látigo con el que mejor puedes castigar a una juntaletras como yo. 




Comentarios

  1. Mi querida María Antonia, que bueno que volviste. Tras dos semana de sequía literaria, has vuelto a inundar mi lectura, de buenas reflexiones. Puede ser, que el resultado haya sido a través del silencio, ese arma tan necesaria, para conectar con nuestro interior, proporcionándonos paz mental para comunicarnos con nuestro corazón y con el mundo, o como sueles hacer tú, conectando con los que te leen. Muchas gracias.

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    1. Querido Miguel: muchísimas gracias, qué afortunada me siento al leer tu comentario. Te agradezco infinito que sigas leyendo estas trescientas palabras mías... Un abrazo fuerte.

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