Ir al contenido principal

Aguanta, corazón


Leyendo la última novela de Susana Fortes recordé el vídeo viral de la niña que se empuja a sí misma en lo alto del tobogán. En Nada que perder, la autora comenta un fragmento de la Odisea. Cito: 

“Hay un episodio de la Odisea en el que Ulises regresa a Ítaca exhausto, vencido y cubierto de andrajos y se acuerda de sus amigos muertos. Está a punto de rendirse, sin fuerzas. Entonces, en un impulso de amor propio, aprieta los dientes y se pone en pie. Las palabras que pronuncia son sólo dos. Se las susurra al oído la diosa Atenea: “Aguanta, corazón”. Y esas dos palabras lo salvan. Si los dioses están a tu lado, todo es más fácil. En eso consiste tener suerte”.

Es cierto. Si los dioses están a nuestro lado, todo es más fácil. Tal vez eso sea la suerte. La buena suerte. Y no puedo evitar pensar en esa niña que se empuja a sí misma. Ese empujón simbólico son las mismas palabras que la diosa Atenea susurró a Ulises: "Aguanta, corazón". Quizás la diosa se las dijo a la niña. 

El cantante de nombre común y corriente que me prestó (sin tener conocimiento de ello) el título y la banda sonora de mi Hijos del vaivén, canta: 

Porque sé que la fe es creer/en algún dios aunque no existan. / O en existir / aunque ese dios / a veces no crea en ti. / En caminar, aunque no brille tu estrella. 

Esta columna es un susurro prestado, robado, si quieres. Un empujón simbólico que nos lance por el tobogán del 2023 con la curiosidad y el arrojo necesarios. Con una pizquita de ilusión y el amor propio suficientes. 

No sabes lo difícil que ha sido escribir trescientas palabras, porque bastan dos:  Aguanta, corazón


Comentarios

  1. Precioso. Muchas ilusiónes en nuestro nuevo año, esas nos empujan y hacen que nuestro corazón lata con alegría. Bonito ese soplo divino que yo he sentido en ocasiones.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, ojalá sentir ese "soplo divino" cuando más lo necesitemos... Gracias por leer y comentar, y feliz 2023. :-)

      Eliminar
  2. Los dioses... quizá inventarlos y pensar en ellos nos ayuda a autoempujarnos. Da vértigo aceptar que estamos solos. Que ese tobogán de 2023 vaya hacia arriba. Un abrazo muy fuerte, querida amiga. Preciosa tu reseña.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querida Isabel, gracias por tu comentario y por tu lectura. Que atravesemos 2023, con sus subidas y bajadas, como tú dices, con salud y alegría. Un beso.

      Eliminar
    2. Como me decía mi abuela paterna: "Miguel, disfruta de los momentos buenos, porque los malos aparecen sin avisar". Todos necesitamos, a veces, a alguien que nos dé ese empujón, para continuar hacia delante. Bonita reflexión. Feliz Año Nuevo y que se cumplan todos tus sueños. Un fuerte abrazo.

      Eliminar
    3. Feliz Año Nuevo, Miguel. Lo mismo te deseo. (Qué bonito tu comentario). Gracias por leer y escribir. Un abrazo :-)

      Eliminar

Publicar un comentario

¡Gracias por tu comentario! Se publicará en cuanto lo lea :-).

Entradas populares de este blog

Lisboa

He estado en Lisboa  en dos o tres ocasiones, y muy pocos días, pero desde el primer momento en el que me asomé a  Terreiro do Paço ,  subí a un tranvía e hice cola para coger el  Elevador de Santa Justa ... quise vivir en ella. No para siempre, solo cinco o seis meses; el tiempo justo de alojarme en una buhardilla de la  Baixa , ir a comprar el pan, hacer fotos, sentarme en una cafetería, intentar hablar portugués aunque los lisboetas se sonrían maliciosamente. Escribir, quizás, una novela.  Ir a trabajar a una librería o a una floristería. Perderme en sus calles, visitar una y otra vez todos sus miradores. Tomarme un vino tinto mientras atardece. Pasear por  Bélem  y contemplar el Tajo que allí se asemeja todo un mar. Escuchar fados y sollozar de la emoción.   Dice Sabina que al lugar al que has sido feliz no debieras tratar de volver , pero ¿qué ocurre si solo has tenido la intuición? Si aún no has sido feliz allí, pero crees que podrías ...

Darse cuenta, hacerse cargo

Creo que siempre es más difícil hacerse cargo que darse cuenta.  Uno cae en la cuenta de que ahí no es, de que no quiere ir, de que no encaja, de que no quiere estar, de que eso (sea lo que sea) le angustia. No, ahí no es. Se da cuenta. Lo sabe. Pero sigue. Va tirando, dejándose llevar por la inercia. Aguantando. Pensando que, a lo mejor, mañana se le habrá pasado y querrá ir. O pasado mañana.  Y es que... si no es allí, ¿dónde es? Si no voy allí, ¿adónde iré? Si no me quedo, ¿dónde estaré? En fin, un cúmulo de inquietudes. Darse cuenta puede ser difícil, pero también liberador. Hacerse cargo es duro. Elegir irte aunque no sepas adónde te llevará tu elección. Siempre habrá reparos, estorbos, cosas que hay que terminar, aspectos de los que ocuparse, flecos que cortar, costuras que rematar. Hacerse cargo, sí, eso es lo complicado. Porque conlleva un desasosiego, una incertidumbre. Porque muchas veces el darse cuenta no viene aparejado con saber dónde has de dirigirte. Sólo sab...

Cuentos, matemáticas y unos ojos verdes

Lloraba como algunos niños lloran, sin hacer ruido. La joven maestra en prácticas, se le acercó: No llores preciosa, que te vas a estropear esos ojos verdes, tan bonitos . ¿Verdes? ¿Bonitos? Era la primera vez (más de cuarenta años después está casi segura) que alguien decía eso de sus ojos. Hipando, corrió hasta los servicios del colegio, y allí, mirándose al espejo se maravilló. ¡Sí, eran verdes! Verdes color charca, sí, pero verdes. Y, bueno, no eran feos sus ojos, qué va. Llenitos de rojeces, pero eso solía ocurrirle cuando lloraba. Pero los ojos... ¡se le habían vuelto verdes! Aquello era una pura maravilla. Foto de  @dizzyd718  en unsplash.com En un tren, un hombre y una mujer se cuentan cosas de su infancia. Ella escribía cuentos con siete, ocho años. Él, era un lince con las matemáticas. Con ocho, o siete años. Un día, ella llegó a la clase, la estaban esperando dos maestras. Una mañana, él llegó al aula, y se la encontró vacía, con uno o dos profesores. A ella, la hic...

Lucrecia

Escribe Sandro Veronesi en su novela El colibrí : No, no existen miradas más importantes y miradas menos importantes: en el momento en que las lanzamos, todas las miradas son entrometidas y solo la conjunción de los acontecimientos, es decir, el azar, determina las consecuencias que tendrán .  Estoy terminando de leer el último libro de la escritora Isabel Barceló, Lucrecia Borgia (1480-1519). Bajo una nueva luz. En esta obra histórica, documentada hasta la exhaustividad y que se lee con el luminoso encanto de una novela, Isabel nos muestra a una Lucrecia Borgia radicalmente alejada del estereotipo de femme fatale que casi todos habíamos aceptado. Nuestra Lucrecia era una mujer taimada, que utilizaba sus encantos para hechizar y manipular a los hombres, capaz de llegar al asesinato si se estorbaba a sus planes.  Pero entonces, llegó Isabel y la miró. La contempló con precisión bajo la luz de inventarios, correspondencia, documentos, e investigaciones de historiadores riguros...