"Siempre soñé con escribir una columna en un periódico. No ha podido ser (aún). En mi blog, cada semana, encontrarás 300 palabras escritas y leídas para ti."
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Vuestros senderos
Me escribía, ayer mismo, Rebeca Martín García para hablarme sobre vuestros senderos. Me escribía que, en un mundo en el que parece que manda el postureo, había mucha verdad en vuestros senderos, en vuestros porqués. Me escribía Rebe y me decía que se emociona, que es muy difícil elegir, que si sólo un ejemplar para una sola persona.
Me escribía y me llamaba por ese nombre secreto que sólo ella y yo conocemos, comentando una, dos, tres, cuatro fotos y uno, dos, tres y hasta cuatro motivos. Y, al final de su correo electrónico, iba decantándose por una, por otra, iba reinterpretando cada motivo, cada camino, cada sendero. Y me señaló dos. Dos. Y yo le había dicho que un ejemplar para una sola persona.
Rebe es una mujer especial que canta, cuenta, escribe, pinta, ríe y sabe que hay senderos fáciles, difíciles, bellos y no tan bellos... pero que hay que transitarlos todos. Así que...
Abrí la caja de cartón en la que duermen unos pocos ejemplares en papel de mi Hijos del vaivén e hice inventario. Y, calibré que un ejemplar más o menos no marca la diferencia. ¿O sí?
Estas son las ganadoras de sendos ejemplares de mi novela en papel:
María Luisa Calvo Escudero en Facebook
@isaml25 en Instagram
Me pondré en contacto con vosotras muy pronto. ¡Felicidades, y gracias por participar!
Estas son sus fotos y sus porqués:
Por fin cumplí mi deseo de hacer el Camino de Santiago con mis hijos. Fue el verano pasado y fue una experiencia agotadora pero maravillosa.
Hay probablemente fotos más bonitas, paisajes más espectaculares, pero elijo precisamente ésta porque están ellos, porque era al principio del camino, que es quizá en el momento en el que están ellos ahora: en el principio de la vida...
Y yo estoy aún ahí: algo atrás pero cerca.
María Luisa Calvo Escudero
Dice Rebeca: Me gusta muuuucho la del Camino de Santiago porque es el inicio del camino de la juventud y lo explica muy bien, me gusta la foto y me gusta el texto. Si tengo que valorar en conjunto el sentido de la propuesta, me quedo con el Camino de Santiago. Me parece más cercana y vinculada al camino, habla de senderos, de familia, de nuevos inicios, descubrimientos...
@isaml25
Dice Rebeca: Me gustan mucho porque todos los senderos tienen dos direcciones y a veces se nos olvida mirarlas (una más bonita, otra menos, pero las recorremos las dos, y se nos olvida).
He caminado por senderos hechos de luz, de flores y agua, de infancia, de arena e infinito mar, de montes, de cañadas, de robles, de naturaleza verde y húmeda. Senderos repletos de vida, de sosiego, de jolgorio, de la algazara del vuelo sobre unas zapatillas.
Hasta he recibido, fuera de concurso, una foto de nuestra súper jueza Rebe:
Fue caminando donde empecé a encontrar el sentido de parar de vez en cuando...
Gracias a todos por compartir vuestras fotos y vuestros porqués. Porque, tal vez, quizás, una foto de más o de menos no marque ninguna diferencia... O, tal vez, sí.
Reír, reír, es otra de las canciones de la banda sonora de mi novela Hijos del vaivén: Reír, reír, de la risa saqué arrestos / ánimos y un paso más / de la risa saqué fuerzas/ que han sido muchos pasos si miro hacia atrás.
Leyendo la última novela de Susana Fortes recordé el vídeo viral de la niña que se empuja a sí misma en lo alto del tobogán. En Nada que perder , la autora comenta un fragmento de la Odisea. Cito: “Hay un episodio de la Odisea en el que Ulises regresa a Ítaca exhausto, vencido y cubierto de andrajos y se acuerda de sus amigos muertos. Está a punto de rendirse, sin fuerzas. Entonces, en un impulso de amor propio, aprieta los dientes y se pone en pie. Las palabras que pronuncia son sólo dos. Se las susurra al oído la diosa Atenea: “Aguanta, corazón”. Y esas dos palabras lo salvan. Si los dioses están a tu lado, todo es más fácil. En eso consiste tener suerte”. Es cierto. Si los dioses están a nuestro lado, todo es más fácil. Tal vez eso sea la suerte. La buena suerte. Y no puedo evitar pensar en esa niña que se empuja a sí misma. Ese empujón simbólico son las mismas palabras que la diosa Atenea susurró a Ulises: "Aguanta, corazón". Quizás la diosa se las dijo a la niña. E...
He estado en Lisboa en dos o tres ocasiones, y muy pocos días, pero desde el primer momento en el que me asomé a Terreiro do Paço , subí a un tranvía e hice cola para coger el Elevador de Santa Justa ... quise vivir en ella. No para siempre, solo cinco o seis meses; el tiempo justo de alojarme en una buhardilla de la Baixa , ir a comprar el pan, hacer fotos, sentarme en una cafetería, intentar hablar portugués aunque los lisboetas se sonrían maliciosamente. Escribir, quizás, una novela. Ir a trabajar a una librería o a una floristería. Perderme en sus calles, visitar una y otra vez todos sus miradores. Tomarme un vino tinto mientras atardece. Pasear por Bélem y contemplar el Tajo que allí se asemeja todo un mar. Escuchar fados y sollozar de la emoción. Dice Sabina que al lugar al que has sido feliz no debieras tratar de volver , pero ¿qué ocurre si solo has tenido la intuición? Si aún no has sido feliz allí, pero crees que podrías ...
Creo que siempre es más difícil hacerse cargo que darse cuenta. Uno cae en la cuenta de que ahí no es, de que no quiere ir, de que no encaja, de que no quiere estar, de que eso (sea lo que sea) le angustia. No, ahí no es. Se da cuenta. Lo sabe. Pero sigue. Va tirando, dejándose llevar por la inercia. Aguantando. Pensando que, a lo mejor, mañana se le habrá pasado y querrá ir. O pasado mañana. Y es que... si no es allí, ¿dónde es? Si no voy allí, ¿adónde iré? Si no me quedo, ¿dónde estaré? En fin, un cúmulo de inquietudes. Darse cuenta puede ser difícil, pero también liberador. Hacerse cargo es duro. Elegir irte aunque no sepas adónde te llevará tu elección. Siempre habrá reparos, estorbos, cosas que hay que terminar, aspectos de los que ocuparse, flecos que cortar, costuras que rematar. Hacerse cargo, sí, eso es lo complicado. Porque conlleva un desasosiego, una incertidumbre. Porque muchas veces el darse cuenta no viene aparejado con saber dónde has de dirigirte. Sólo sab...
Lloraba como algunos niños lloran, sin hacer ruido. La joven maestra en prácticas, se le acercó: No llores preciosa, que te vas a estropear esos ojos verdes, tan bonitos . ¿Verdes? ¿Bonitos? Era la primera vez (más de cuarenta años después está casi segura) que alguien decía eso de sus ojos. Hipando, corrió hasta los servicios del colegio, y allí, mirándose al espejo se maravilló. ¡Sí, eran verdes! Verdes color charca, sí, pero verdes. Y, bueno, no eran feos sus ojos, qué va. Llenitos de rojeces, pero eso solía ocurrirle cuando lloraba. Pero los ojos... ¡se le habían vuelto verdes! Aquello era una pura maravilla. Foto de @dizzyd718 en unsplash.com En un tren, un hombre y una mujer se cuentan cosas de su infancia. Ella escribía cuentos con siete, ocho años. Él, era un lince con las matemáticas. Con ocho, o siete años. Un día, ella llegó a la clase, la estaban esperando dos maestras. Una mañana, él llegó al aula, y se la encontró vacía, con uno o dos profesores. A ella, la hic...
Escribe Sandro Veronesi en su novela El colibrí : No, no existen miradas más importantes y miradas menos importantes: en el momento en que las lanzamos, todas las miradas son entrometidas y solo la conjunción de los acontecimientos, es decir, el azar, determina las consecuencias que tendrán . Estoy terminando de leer el último libro de la escritora Isabel Barceló, Lucrecia Borgia (1480-1519). Bajo una nueva luz. En esta obra histórica, documentada hasta la exhaustividad y que se lee con el luminoso encanto de una novela, Isabel nos muestra a una Lucrecia Borgia radicalmente alejada del estereotipo de femme fatale que casi todos habíamos aceptado. Nuestra Lucrecia era una mujer taimada, que utilizaba sus encantos para hechizar y manipular a los hombres, capaz de llegar al asesinato si se estorbaba a sus planes. Pero entonces, llegó Isabel y la miró. La contempló con precisión bajo la luz de inventarios, correspondencia, documentos, e investigaciones de historiadores riguros...
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