Lloraba como algunos niños lloran, sin hacer ruido. La joven maestra en prácticas, se le acercó: No llores preciosa, que te vas a estropear esos ojos verdes, tan bonitos. ¿Verdes? ¿Bonitos? Era la primera vez (más de cuarenta años después está casi segura) que alguien decía eso de sus ojos. Hipando, corrió hasta los servicios del colegio, y allí, mirándose al espejo se maravilló. ¡Sí, eran verdes! Verdes color charca, sí, pero verdes. Y, bueno, no eran feos sus ojos, qué va. Llenitos de rojeces, pero eso solía ocurrirle cuando lloraba. Pero los ojos... ¡se le habían vuelto verdes! Aquello era una pura maravilla.
En un tren, un hombre y una mujer se cuentan cosas de su infancia. Ella escribía cuentos con siete, ocho años. Él, era un lince con las matemáticas. Con ocho, o siete años. Un día, ella llegó a la clase, la estaban esperando dos maestras. Una mañana, él llegó al aula, y se la encontró vacía, con uno o dos profesores. A ella, la hicieron sentar ante una mesa, con un bolígrafo y un folio en blanco. A él lo sentaron frente a una mesa; con un papel y un bolígrafo. Invéntate un cuento de esos que dices que escribes, le dijeron a la niña. Tenía ocho años, tal vez, siete. Resuelve este problema de matemáticas, que es como esos que dices que haces tú solo. Quizás, tenía siete años; en cualquier caso, no más de ocho. Solucionó el problema. Escribió el cuento.
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Si a un niño le dices que es feo, torpe, distraído, desordenado. Si desconfías de su capacidad, de su habilidad o su talento. Si le tiendes trampas, si haces juego sucio. Si nunca le dices que tiene los ojos bonitos, verdes. Si no confías..., quizás el que no es de fíar, seas tú.
Por supuesto. Quien desconfía no es digno de confianza. Es como el respeto: par que lo haya siempre ha de ser mutuo. Qué hermosura, encontrar soluciones con palabras, con las historias que contamos y nos contamos.
ResponderEliminarMuchas gracias por tus palabras. :-)
EliminarTierno y totalmente cierto. Bellísimo.
ResponderEliminarMuchas gracias, Lali. Qué bonitas palabras.
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