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Una casa nueva

Me mudo. Me vengo a  esta casa que imagino con plantas en el alféizar de las ventanas, y luz acuchillando los suelos. Una casa nueva para amueblar, elegir cuadros, cortinas, lámparas, tapices y alfombras. Que mire a la ciudad, o al mar, o a un campo de girasoles. Al mundo.

Estrenar una casa conlleva sus incertidumbres y sus desasosiegos. ¿Qué viviré en ella? ¿Cuánto tiempo me quedaré? ¿Tiene algún sentido, a estas alturas, escribir un blog? ¿Alguien lo leerá? 

Antes de éste, yo tenía un blog al que dejé morir de inanición: Cuántos Cuentos Cuentas Tú. Una mezcolanza de relatos, fotografías, reseñas, impresiones, y un largo etcétera. Paulatinamente, perdí el interés por seguir escribiéndolo. ¿Me ocurrirá lo mismo con La columna del jueves? No lo sé.

Siempre quise escribir. Novelas, artículos, entrevistas. Y tener una columna fija, en un periódico de tirada nacional. Puede ser que nunca publique una novela, que nunca me llamen de un diario, pero nada ni nadie puede impedir que escriba (otra cosa es que me lean). Me he decidido a crear un nuevo blog, este, con la idea o el propósito de escribir en él, cada jueves, mi propia columna de trescientas palabras, ni una más, ni una menos. ¿Y por qué poner límites en la extensión?

Tengo cierta tendencia a extenderme sin motivo: quiero practicar el arte de la concreción e imaginar (por qué no), que, de veras, estoy escribiendo una columna en un periódico. ¿Puede ser internacional? (Soñemos a lo grande). ¿Y por qué trescientas? Ni idea. Un capricho, el azar, qué sé yo. Solo 300.

Sí, tengo muchas dudas, y, pese a ellas, emprendo este proyecto mío, tan personal. Estoy llena de dudas, lector. No sé si, pese a ello, seguirás conmigo. Ojalá. Porque seas quien seas, escribo para ti. Quédate. Venga. 


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